Mexicanos Primero

La educación que un día salí a buscar, hoy la siembro en mi comunidad

Lorena López Hernández

Premio ABC 2026/ Oaxaca

30 de Octubre del 2026

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A los once años tuve que aprender a luchar por algo que muchas veces damos por hecho: la posibilidad de seguir estudiando. Hoy, muchos años después, mi vida transcurre entre niñas, niños y familias con quienes comparto una convicción que nació de aquella experiencia: la educación puede abrir caminos, pero para que esos caminos existan necesitamos personas dispuestas a construirlos.

Mi historia con la docencia comenzó mucho antes de tener un grupo a mi cargo. Desde pequeña sentía una admiración especial por la enseñanza, aunque las circunstancias económicas de mi familia hicieron que continuar mis estudios se convirtiera en un desafío.

Era una niña de once años que todavía no sabía cómo resolvería las dificultades que tenía enfrente, pero sí sabía que no quería renunciar a mi sueño.

Salí a buscar la manera de continuar. Trabajé, caminé y aprendí a aceptar la ayuda de personas que, sin tener la obligación de hacerlo, me tendieron una mano. Mi abuelo fue también una figura fundamental: creyó en mí, me animó a seguir y me ayudó a no perder de vista lo que quería alcanzar.

En aquel recorrido comprendí que una oportunidad puede cambiar una historia, especialmente cuando alguien decide confiar en una persona que todavía está buscando cómo salir adelante.

Años después, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE) me abrió una puerta para continuar preparándome. Ingresé buscando una oportunidad para estudiar y encontré mucho más. La vida, sin embargo, me obligó a detenerme. Una enfermedad y una intervención quirúrgica me llevaron a dejar temporalmente las aulas. Regresé a casa y trabajé en otras instituciones, aprendí mucho durante esa etapa, pero ninguna de esas experiencias consiguió apagar mi deseo de volver a enseñar.

Regresar a la docencia significaba recuperar una parte de mí. Con el apoyo de mi comunidad, tuve la oportunidad de volver al CONAFE y asumir la responsabilidad de enseñar en Buena Vista, Santiago Tenango. No imaginaba entonces que ese regreso me llevaría a replantear no solamente mi manera de educar, sino también la relación que estábamos construyendo entre la escuela y las familias.

Al llegar a la Escuela Primaria Lázaro Cárdenas encontré desafíos importantes. Mis estudiantes necesitaban fortalecer sus aprendizajes y recuperar la confianza en sus propias capacidades. También hacía falta mejorar la organización y encontrar nuevas formas de involucrar a las familias en la vida escolar.

Podía dedicarme exclusivamente a atender lo que ocurría dentro del aula, pero entendí que algunas de nuestras necesidades requerían mirar más allá de ella. Los aprendizajes de las niñas y los niños no podían separarse de su entorno, de las personas que los acompañaban ni de las oportunidades que construíamos a su alrededor.

De esa experiencia nació Sembrando Aprendizaje en Comunidad. Participación que transforma la escuela, el proyecto con el que buscamos fortalecer los aprendizajes, atender la diversidad y mejorar la convivencia mediante una participación más activa de las familias y la comunidad.

Por eso, recibir el Premio ABC 2026, representa una distinción especialmente significativa para mí. Este reconocimiento pone en el centro una labor que considero indispensable: construir una relación entre la escuela y su comunidad en la que colaborar no sea algo extraordinario, sino parte de la manera cotidiana de educar.

Lo recibo con alegría, pero también con la conciencia de que lo que se reconoce no es una tarea concluida. Nuestra escuela sigue teniendo desafíos y todavía hay mucho por aprender y mejorar. El premio nos anima a continuar fortaleciendo lo que hemos construido, a revisar nuestras prácticas y a buscar nuevas formas de responder a las necesidades de nuestros estudiantes.

Cuando pienso en este logro, recuerdo a la niña que fui y a las personas que hicieron posible que continuara estudiando. Recuerdo a mi abuelo, a quienes me ofrecieron trabajo y a quienes compartieron conmigo lo poco o mucho que tenían.

Comprendo que aquellas manos que me ayudaron a seguir avanzando forman parte de la manera en que hoy entiendo mi responsabilidad como educadora. Tal vez por eso me importa tanto que las familias tengan un lugar real en la escuela. Sé lo que puede significar recibir apoyo cuando las circunstancias son difíciles y cuánto puede cambiar una vida cuando alguien encuentra una oportunidad para continuar.